sábado, 21 de abril de 2007

Literatura, espacio y tiempo

Cuando hablamos de variantes lingüísticas, de modelos de lengua, nos encontramos ante una encrucijada de caminos con mapas geográficos, étnicos y sociales bien diversos. Todos ellos, tienen un denominador común, el ser producción humana y están sometidos igualmente a un juez impasible, el tiempo. La exposición de estas variables se condensa en estos días, programas de televisión, producciones cinematográficas, noticiarios o informaciones de diverso cuño en la Internet, pero todas ellas tienen como referente común de calidad la producción literaria. Son estas obras las que fundamentan los criterios de excelencia de la creatividad, las que sirven de modelo o ejemplo, las que generan que una película sea un éxito de taquilla o un libro sea premiado con una respetada crítica o una buena repercusión social. El dinamismo actual en la propagación de conceptos o ideas no modifica ese criterio de excelencia que fue usado hace cuatrocientos años para diferenciar la obra del ingenioso Hidalgo como obra maestra, diferente, especial, emblemática y mágica.
Es sorprendente recordar como los dos estandartes de las dos lenguas occidentales mas pujantes del segundo milenio, expiraron a la limón el día veintitrés de Abril de mil seiscientos dieciséis. Es curioso y espeluznante la coincidencia, tanto o mas que ver como en estos días, cuatro centurias después, sus herramientas de expresión compartan protagonismo en suelo imperial, ya sea Yankee o Persa.
La literatura en lengua española nos da un abanico de posibilidades para degustar autores como Borges, Neruda, Rubén Darío,Vargas Llosa, Onetti, Ayala, Quevedo, Gracián, Lope o el propio don Miguel. Con sus obras, con sus libros, con sus pensamientos, atravesamos fronteras y superamos el tiempo. Tenemos en nuestras manos ese legado, esa garantía, ese saber, en suma ese poder. Cualquiera de esos volúmenes, son un compendio de pensamientos densos y profundos de seres humanos especialmente lúcidos, excepcionales. Así, al hacer uso de ellos, el lector, la sociedad acorta distancias, supera barreras de entendimiento y crea vínculos tangibles con el pasado que huelen a futuro. De esas ideas, acertadas o no, aprendemos. De esas experiencias, adecuadas o no, nos enriquecemos. Todas ellas son válidas en la aventura de construcción de un futuro más justo y plural, de un sentimiento serio de comunicación con nuestro semejante. Hecho este, el de la comunicación profunda, que a veces parece imposible, incluso con especímenes de nuestra propia tribu, de nuestra misma familia. Y que con el concurso de la literatura, tras arduos ensayos, pueden facilitar que un mensaje de amor, llegue finalmente a su destino.